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Sucintos II

Publicado: 7 abril 2017 en Sucintos

En el Liceo 4 de Maldonado están instalando aulas de construcción liviana. No muchos obreros han armado algunas aulas en una semana. Son las de la foto.

Se me ocurren algunas reflexiones. Estás aulas se presentan como soluciones provisorias, pero luego, el devenir del tiempo las transforma en definitivas. Ese mismo Liceo cuenta con tres aulas más, levantadas en pocas semanas hace más de 7 años. ¿Se trata de un provisorio para siempre?

Ese Liceo nació, como todos los de su época, bajo el modelo de institución pequeña, de no más de una decena de salones, para que la masividad (los macroliceos) no apabullara a los estudiantes, y los docentes procuraran un trato más cercano con ellos. ¿En qué queda ese propósito, cuando casi se duplica la cantidad de salones con las aulas móviles, de emergencia?

Mi amigo Rafa que es arquitecto,  me mostró lindos diseños de instituciones educativas hechas de construcción liviana, en otros países, que combinaban las ventajas de ese tipo de construcción con buen gusto y buenas comodidades. ¿No es posible invertir en nuevos liceos, nuevas instituciones que se construyan más rápido? Tan rápido como necesarios para descongestionar algunos que verdaderamente están superpoblados.

Otra pregunta que me hago, es, esas aulas que quedan a la a calle, ¿cuánto tardarán en ser rayados por tags, vandalizados por esa “cultura” urbana que poco respeta las cosas de todos?.

Creo que las buenas condiciones de estudio y los ambientes agradables no deben ser un privilegio.

Sucintos I

Publicado: 31 marzo 2017 en Sucintos

Pensar en un alumno de profesorado de Física en el Uruguay de hoy, dista mucho de imaginarnos un grupo más o menos homogéneo, de varios jovenes de 18 o 20 años que comienzan a dejar la adolescencia y a transitar por la juventud. Esa imagen puede ser frecuente en le caso de la unversidad, de algunas facultades. Esta semana en mi clase de Didáctica, el 75% de los alumnos había finalizado sus estudios secundarios en el liceo nocturno. Para muchos de ellos, su historia consistió en haber abandonado en algún momento de su adolescencia y retomar, con otra perspectiva, unos años después. Con otra madurez, pero también con otras obligaciones y responsabilidades personales.

Se me ocurren dos cosas: Una, que las políticas curriculares para los futuros docentes no pueden estar ajenas a esto. No hay que verlo como un “handicap”. Es la realidad, que también tiene sus ventajas, pues los futuros docentes ya se visualizan como adultos. En este mundo que alaba la eterna adolescencia, es saludable que quien se pare frente a una clase lo haga desde su rol de adulto.

La otra, me llevó a pensar en ese discurso que sobrevuela los liceos nocturnos. Esa creencia, sin bases empíricas, que indica que los cursos del nocturno deben ser más “fáciles”, creando un imaginario de alumno que va sólo a “terminar el liceo”, como hecho terminal de su vida académica. Por suerte, esos alumnos que egresan del nocturno tienen metas académicas más altas de las que el imaginario les asigna. Entonces, ¿no deberíamos rever ese “discurso sobrevolante” sobre los cursos del nocturno?