Elecciones de horas, (o el reparto del diezmo)

Publicado: 28 noviembre 2016 en Debate, Políticas de enseñanza, Propuesta

“El diezmo fue, hasta su abolición en el siglo XIX, una de las fuentes principales ingresos para la Iglesia española. Sus formas de percepción y reparto entre los clérigos dieron lugar a una abundante, y a veces confusa, reglamentación” Latorre, (1990; 3)

José*, un compañero con el que trabajé hace unos años, decía en el momento que llegaba al lugar donde se desarrollaba la elección de horas en secundaria “¿Y como marcha el reparto del diezmo?”. A mi me causaba mucha gracia escuchar la frase justo en ese momento. Con el pasar de los años, cada vez que voy a una elección de horas, me acuerdo de sus palabras, y observo que lo que vivimos los docentes en esas instancias se parece cada vez más lo que se vivía en la edad media. Y en ocasiones, cada vez más, con pinceladas de reparto de limosna.

Si uno hurga en algunos artículos sobre el diezmo en la edad media, como el citado anteriormente, encuentra sistemas complicadamente burocráticos y ptolomeicos para su reparto, debido a fuertes tensiones entre poderes, poderosos, interesados y beneficiarios. Nada muy distinto de lo que se vive hoy en secundaria. Para muestra, basta leer el extensísimo reglamento de elección de horas que se elabora año tras año.

¿A quién beneficia este sistema de asignación del trabajo? A NADIE. Si bien una parte de la opinión indica que el “corporativismo docente” es el beneficiado, no es así. ¿Qué beneficios puede tener un docente que no sabe si va a trabajar en el lugar donde se asentó, porque un traslado de otro profesor más antiguo lo puede desplazar, independientemente que haya trabajado en forma excelente? ¿Qué beneficios puede tener un docente que no puede planificar su vida a más de un año? ¿Cómo nos sentimos los docentes cuando el modo que se asigna nuestro trabajo, se parece mucho en sus formas al reparto del diezmo medieval?

Los sistemas y la reglamentación se hace en forma bipartita, supongo que para mayor transparencia, pero es inevitable la aparición de muchos errores. Un año sí, y otro también, los docentes tenemos que ir más de una vez a elegir, porque se anulan las elecciones por errores en la digitación, en la asignación, en la ausencia de cargos que deberían estar a disposición, etc. Entre los docentes a veces permea la idea de asignarle una intencionalidad a esos errores de las autoridades. Yo no creo que sea así. (Ah, porque la digitación está centralizada en UNA oficina para los más de 300 liceos y miles de grupos de todo el país) Basta con que por un error humano se digite mal un número, para volver todo al principio.

No voy a reiterar la importancia pedagógica de que un docente sea estable en una institución, porque eso ya se ha hablado mucho. Pero la solución que se ha propuesto de elegir horas por más de un año, no soluciona el tema de fondo, y además acarrea nuevos inconvenientes, (algunos tanto o más graves que los actuales)

Por tanto, voy a repetir (una vez más, y aunque sea un grito en el desierto) mi propuesta de mejora en el sistema de asignación de horas, para no sólo mejorar el estado actual, sino prevenir problemas futuros.

Se trata únicamente de cambiar los límites del escalafón. Hoy en día, es por departamento geográfico. Mi propuesta es que los docentes seamos efectivos por liceo. Es decir, adoptar el sistema de enseñanza primaria, donde los maestros son efectivos en una escuela.

Esto implica algunas mejoras inmediatas:

1- Hay mucho menos movilidad de docentes año a año y está demostrado que eso mejora la calidad educativa

2- Permite al docente cambiar año a año la cantidad de grupos, o los niveles. Piensese en todas las posibilidades de cambios de escenarios que pueden suceder de un año a otro, (y elegir grupos fijos por más de un año generaría más problemas que soluciones)

  • Creación o eliminación de grupos (por aumento o disminución de matrícula)
  • Que un nivel cambie de turno (por ejemplo, en el Liceo 1 de Maldonado, de 2016 a 2017 dos cuartos años que se dictaban de en la tarde, pasan a la mañana)
  • Que el docente tenga un hijo, sobrino, etc, en ese liceo, y que un año no tenga problemas, pero al siguiente el estudiante “cae” en el grupo elegido (por ejemplo, si hay un solo grupo en una orientación de bachillerato). Este problema no se ve en los liceos de ciudades grandes (difícilmente se vea desde el centralismo montevideano) pero es muy frecuente en ciudades pequeñas.
  • Si un docente se jubila, y el docente más joven quiere acceder a los cursos que antes dictaba el compañero. Si la elección es rígida por más de un año, esos grupos ¿a quién se le asignan?
  • Si un docente hizo un proyecto pedagógico con un grupo, y quiere seguirlo al año siguiente, pero no tiene asignado ese grupo.
  • Permite flexibilidad en el caso que haya un cambio en el diseño curricular (qué materias se enseñan en qué nivel o la carga horaria).

Y podemos seguir enumerando

¿mo sería el mecanismo? Muy sencillo. En esta época del año, en vez de tratar de armar una gran ingeniería por departamento geográfico, los docentes efectivos del liceo se les asigna su unidad docente.

1- Una elección de horas reducida a una institución. Allí el docente puede cambiar de grupos, turnos o cantidad de horas pero siempre dentro del liceo donde es efectivo. Allí se respetan los órdenes escalafonarios y demás. Entre pocos docentes, la asignación se parece más a una jornada de trabajo profesional que a un mero reparto.

2- En una segunda instancia, se efectúan los traslados (provenientes del mismo departamento geográfico o no) siempre y cuando existan vacantes. Nada muy distinto de lo que hace HOY secundaria con los cargos efectivos de adscriptos, preparadores o directores.

Luego, se sigue con la asignación de los eventuales docentes interinos (que como comunidad educativa esperamos que cada vez sean menos, porque esos docentes buscarán formarse en las diversas modalidades que ofrece el sistema público y luego tendrán oportunidades anuales de presentarse a concursos de efectividad)

Esto no es nada extraño. Se hace en primaria, y en formación docente.

* José no es su nombre real, aunque la anécdota es verdadera

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