Lo esencial es invisible al decreto

Publicado: 25 agosto 2015 en Debate, Personales

Los docentes reciben pagas miserables en la enseñanza pública. En la mayoria de los colegios privados la paga es peor aún. En tiempos de presupuesto y de discusión salarial, aparece hoy una demostración de “macho alfa” del gobierno de turno mediante el decreto de esencialidad. Esta tormenta, que parece atrincherar a la sociedad en defensa de la educación, tarde o temprano va a pasar.

Con o sin esencialidad volveremos a las clases. Y allí, en la calma fuera de los micrófonos de los medios y de las redes, volveremos a escuchar en la cotidiana, la preocupación por aprobar, pero no por aprender. Volveremos a escuchar mil y una justificacion de inasistencias injustificables, de llegadas tarde de los alumnos en la mitad del turno, de suspensiones de clases por jornadas de escaso valor formativo. Volveremos a escuchar que “no es importante el contenido, sino la socialización”. Que las metas son los “porcentajes de los que culminan el ciclo y que no reprueban”. Que los resultados de las pruebas PISA (este año hay!!) servirán para ir haciendo campaña electoral por anticipado, pero no servirán para cuestionarse por qué los alumnos de 15 años uruguayos no pueden resolver problemas sencillos y tampoco sentarse dos horas a responder preguntas por escrito. Unos compararán con el ranking mundial, otros con latinoamérica. Depende de lo que más les sirva, los que pueden usar los micrófonos amplificados interpretarán los resultados.

Con los micrófonos apagados, escucharemos mil discursos defenestrando el esfuerzo rutinario del estudiante, porque parece que para algunos, el estudio ha de ser únicamente sinónimo de placer, y el concepto de “esfuerzo personal, a pesar de que a veces no tenga ganas” debe quedar fuera de la ecuación del aula. Volveremos a escuchar exigencias tales como de que es responsabilidad única del docente motivar a sus alumnos, y que los resultados son en función exclusiva de lo que el docente haga. Tremendos disparates pedagógicos, creer que el accionar docente es la causa y el aprendizaje del alumno la consecuencia inmediata. Tremendos disparates pseudofundamentados manoseando las ideas de Ausubel (¡pobre Ausubel!), pero esperando resultados como Skinner.

Seguiremos encontrándonos con planes, programas, “adaptaciones curriculares” que presuponen que el estudiante de Ciclo Básico es cuasianalfabeto, y tiene, casí que por definición, homogéneamente, dificultades de aprendizaje. Seguiremos tratando de emparchar con reglamentos ptolomeicos algunas terribles historias de vida de los alumnos, confundiendo dificultad de aprendizaje con una infancia cruelmente cascoteada. Seguiremos sin las herramientas para hacer la distinción, y para ayudarlos como es debido.

Tampoco serán parte de nuestra cotidianeidad los currículos motivantes para alumnos de poco poder adquisitivo, pero de mucha capacidad cognitiva. Quedarán sumergidos en la “media”, negándoseles por omisión, la posibilidad de brillar.

Seguiremos escuchando discursos contra los exámenes para alumnos de Bachillerato por ser “traumáticos” para ellos. Aunque no haya evidencia empírica que respalde esta idea, y sí la haya de que son una herramienta única de síntesis de lo aprendido.

Entonces, esta revuelta que ha significado este decreto de esencialidad, en el fondo, no va a generar reflexión sobre la importancia de la educación. Saber, conocer, aprender, es importante, y vale la pena destinar esfuerzo para lograrlo. El sacrificio por saber más, no debe ser visto como un calvario, sino como un camino con enormes recompensas.

Pero me temo que no. Que el Uruguay seguirá considerando a sus maestros como posibles destinatarios de violencia, si no “le pone al nene la nota que cree que corresponde”. Seguirán apareciendo animadoras de teatro infantil opinando sobre la inconveniencia de las tareas domiciliarias. Y cada vez que un docente se manifieste desconforme con algo, se escuchará “que se quejan si trabajan 4 hs y tienen 3 meses de vacaciones”, “es su vocación, por algo la eligió” y otros disparates de esa calaña. Y no serán las autoridades quienes contesten esto, sino muchos ciudadanos de “a pie”.

Ojalá me equivoque.

comentarios
  1. Fernando Moreno dice:

    Buenísimo Alejandro. Comparto 100%. Tus comentarios son una ayuda para la reflexión. No compartí plenamente las posibles soluciones para lo propedéutico que expresaste en un artículo anterior (quizás un día me convenzas). Pero más allá de estar de acuerdo o no hay una reflexión profunda que nos ayuda a pensar y mirar para adelante con fundamento. Gracias, felicitaciones y abrazo

  2. H y Su dice:

    Parri, escribiste lo que nosotros en casa estábamos conversando de hace un tiempo atrás.
    Es lamentable que gente que no tiene idea de lo que es educación lo declare esencial, sin ir al origen de la definición.
    Otra cosa, el pensamiento que expresas y que nos hace reflexionar, sólo lo comprenden los que están realmente comprometidos con esta labor. Dícese profesionales de la educación y no simples vocacionalistas…

    H y Su

  3. Profe Pablov dice:

    Excelente Alejandro, comparto 100% lo expresado en el artículo. Abrazo.

  4. Fernanda Puerto dice:

    Excelente! Lo comparto. Un genio Alejandro Parrella. Comparto en su totalidad lo escrito en este artículo. Muy bueno.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s